A LA SOMBRA DEL CEIBAL   20 de febrero de 2010

En alguno de mis viaje (porque no sé si le hei contau que yo sabía ser arriero ‘e mulas) he conocido el Uruguay, el páis de los tres grandes Varela. Uno es el Obdulio, aquel centrojás que ha arruinao la alegría brasilera n’el Mundial del 50. El otro es la creación de Wimpi, el Viejo Varela, un paisano que mentía no pa’ sacar ventaja sino pa’ divertir a la paisanada. Y el tercero es José Pedro Varela, quien a pesar de haber vivido apenita 34 año, ha dejau una hueya tan profunda que por eya transitan todavía los maestros orientale. En pocos días más van a empezar las clase, y me gusta imaginar a Don José Pedro resucitao aunque sea un ratito pa’ ver ese enjambre de botijas rumbo a la escuela. A su escuela. Todos con su guardapolvo blanco, con su moña negra y con esa valijita verde. “Momento” -diría Varela- “¿qué son esas valijita que ante no había?“. Entonce yo le diría: sientesé, maistro, tomesé algo y le esplico…

valijitas

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